Persona tejiendo como práctica de bienestar y salud mental

TEJIENDO(NOS): Beneficios biopsicosociales del arte del tejido

Entre nuestras sociedades de producción acelerada donde el ritmo cotidiano se traduce en crecientes niveles de estrés, ansiedad y depresión -que, a su vez, generan mayor deterioro vital, sufrimiento y mortalidad-, la búsqueda de prácticas que promuevan la salud mental se ha vuelto una necesidad imperiosa para todos. En este escenario, durante las últimas décadas diversas disciplinas -entre ellas la medicina, arte terapia, filosofía, sociología y psicología- han vuelto a posar su mirada sobre los beneficios potenciales para el bienestar de las intervenciones basadas en las manualidades. Entre ellas, se menciona una de las prácticas más antiguas del mundo, y que es parte integral de muchas culturas: el tejer.   

Tejer, junto con el crochet, bordado o la costura, forma parte de las llamadas artes textiles, más específicamente de las “manualidades de aguja” (needlecraft, en inglés). Estos son procesos de artesanía que utilizan fibras, hilos o telas de origen animal o sintético para crear objetos utilitarios o decorativos. Históricamente vinculado al ámbito doméstico y al rol de género femenino, el trabajo de aguja pasó de ser una labor puramente utilitaria de confección y reparación de vestimenta a consolidarse como un espacio libre de elección, expresión artística y bienestar para todas las personas sin distinción de género.

Aunque a simple vista tejer pudiera ser considerado solo un pasatiempo, en realidad es una práctica compleja que exige una comprensión holística del ser humano, ya que convoca e integra sus dimensiones biopsicosociales en un mismo acto. Mientras el individuo utiliza sus sentidos de visión y tacto para ejecutar el movimiento rítmico del entrelazado, la mente despliega funciones cognitivas como la atención, la memoria de trabajo, y la flexibilidad, las cuales permiten dar continuidad al proceso de manufactura otorgándole relevancia y, además, gestionar los errores que surgen en el proceso para así lograr un aprendizaje y perfeccionamiento de nuevas habilidades. En paralelo, se moviliza el mundo interno del creador, apareciendo diversas emociones, recuerdos, la necesidad de expresión, sus valores, todo esto atravesado por su historia vital, los saberes aprendidos de otros, y el contexto socio-comunitario y cultural en el que se inserta que le permite tomar ciertas decisiones en su proceso creativo. Desde esta mirada, comprendemos que la pieza final es mucho más que un objeto material, sino que contiene en sí misma la amalgama viva de todas estas dimensiones entrelazadas.

El tejer puede ser visibilizado como un catalizador, capaz de generar efectos transformadores en el bienestar y salud mental tanto en los individuos como en sus comunidades. A continuación, exploraremos los principales beneficios biopsicosociales que convierten a este arte ancestral en una valiosa herramienta para la salud integral:

1. Bienestar biopsíquico

Adentrarse en el tejido impacta profundamente en nuestra psiquismo, que a su vez se encuentra encarnado en una biología particular. A nivel corporal y cerebral, los movimientos repetitivos y la coordinación bilateral de las manos que se producen mientras se desarrolla este arte textil activan la liberación de serotonina y provocan un estado meditativo y de relajación profundo. Ocurre una disminución de la tensión muscular y de la presión arterial; existe evidencia que muestra que esta práctica también puede aliviar el dolor crónico. Esta dimensión sensorial e inmersiva facilita la aparición del estado de flow (o flujo), el cual se explica como un estado subjetivo de concentración absoluta en el aquí y ahora, en donde la persona se absorbe por completo en una actividad estimulante y desafiante, lo cual permite dejar en pausa las preocupaciones diarias.

Desde el plano cognitivo, tejer implica realizar una especie de “gimnasia mental”. Contar puntos, cambiar colores, probar, errar, destejer y volver a empezar estimulan la memoria a corto plazo, la atención y la orientación espacial, habilidades que pueden ser transferibles a la resolución de problemas cotidianos y que son clave para prevenir el deterioro cognitivo. Además, el enfrentar la incertidumbre de esta tarea permite un mayor aprendizaje y cultivo de la resiliencia junto con la tolerancia a la frustración. Durante esta actividad textil es posible fijar ciertas metas de logro, y el superarlas implica fomentar la sensación de logro, autoeficacia y autodeterminación, lo cual eleva el estado de ánimo y sirve como herramienta terapéutica ante el duelo, la ansiedad y la depresión.

2. Conexión y compromiso sociocomunitario

Aunque tejer puede ser una práctica que se realice de manera individual, es posible trascender esta esfera y entrelazar verdaderas redes humanas. Unirse a un círculo de tejido —ya sea una comunidad presencial o virtual— combate la soledad no deseada y la inactividad, y permite el nacimiento del sentido de pertenencia a un grupo con intereses similares. En estos espacios, la pasión compartida funciona como un lenguaje común que rompe barreras entre los miembros, facilitando la integración de recién llegados y permitiendo que florezcan conversaciones espontáneas y amistades de apoyo que ayudan a afrontar los retos de la vida.

Estos grupos funcionan como entornos de aprendizaje colaborativo y empoderamiento mutuo. La transmisión de conocimientos de manera horizontal entre pares refuerza la confianza y eleva el estatus comunitario de quien comparte su saber. Asimismo, el tejido también desencadena un impacto altruista: donar prendas a causas benéficas o confeccionar proyectos colaborativos conecta al artesano con una ciudadanía activa. La labor textil se convierte así en un acto que aporta un sentido de propósito y valor emocional a los que la practican y a la comunidad que pertenecen.

3. Identidad, cultura y legado

Finalmente, cada proyecto textil lleva inscrita la historia vital de su creador. El desarrollar nuevas técnicas y desarrollar un estilo propio permite reclamar una voz singular, siendo este un espacio de autoafirmación donde la persona se conecta con su esencia más allá de los roles sociales que encarna diariamente. Cada manufactura terminada actúa como una huella dactilar única que condensa la vida, la paciencia y el afecto de su autor.

Esta práctica es también un hilo invisible que une el pasado, el presente y el futuro. Los conocimientos textiles suelen aprenderse de manera transgeneracional, y junto a la posibilidad de transmitirlos a nuevas generaciones, se abre la oportunidad de continuar fortaleciendo los lazos sociales, se protege el patrimonio cultural y se mantiene viva la identidad étnica o comunitaria. Los objetos tejidos a mano trascienden su función práctica, simbolizando reliquias cargadas de memoria que comunican amor y aseguran que una parte de nuestra identidad y valores perduren a lo largo del tiempo.

Autora: Luna Inostroza, psicóloga clínica UDP


Referencias

Bukhave, E. B., Creek, J., Linstad, A. K., & Frandsen, T. F. (2025). The effects of crafts-based interventions on mental health and well-being: A systematic review. Australian Occupational Therapy Journal, 72(1), e70001. https://doi.org/10.1111/1440-1630.70001

Le Lagadec, D., Kornhaber, R., Johnston-Devin, C. & Cleary, M. (2024) Healing Stitches: A Scoping Review on the Impact of Needlecraft on Mental Health and Well-Being. Issues in Mental Health Nursing, 45:10, 1097-1110, DOI: 10.1080/01612840.2024.2364228

Mc Cabe, M. & Maguire, H. (2026). Crafting Wellbeing: Exploring the Link Between Textile Craft and Wellbeing. TEXTILE, 24:3, 624-639. doi: 10.1080/14759756.2026.2629438

 

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.